¿CÓMO ACOMPAÑAR LA SEXUALIDAD DE LA INFANCIA?

Recientemente, me han pedido que hable sobre la sexualidad en la infancia para un grupo de familias. Preparando ese material, he tomado conciencia sobre lo poco y mal que solemos abordar ese tema con nuestros niños y niñas… Hay ciertas zonas del cuerpo que pocas veces nombramos; hay comportamientos que preferimos ni ver, como la auto-exploración corporal o la exploración entre iguales; hay sensaciones que nos cuesta permitir, como el placer y el disfrute. En definitiva, vivimos en una cultura muy marcada por los sentimientos de culpa y de vergüenza asociados a la sexualidad, tanto infantil como adulta. Y, a la vez, proliferan los abusos, la pornografía, el acoso… ¿qué está pasando?

Creemos que si hablamos poco de algo, conseguiremos que no ocurra. Es un pensamiento mágico infantil pero como sociedad lo tenemos ampliamente arraigado. Mejor no hablemos del sexo así protegemos a nuestra infancia… Pero todo aquello que no se nombra, de lo que no se habla, no alcanza a tener un registro consciente, es decir, queda en un universo sin palabras y sin posibilidad de expresión y de integración. Entonces, en vez de proteger nuestra infancia, lo que estamos generando son presas fáciles para todo tipo de abuso porque nunca tendrán el vocabulario necesario para expresar lo que está ocurriendo, para pedir ayuda, para poner límites al otro ante su propio cuerpo. El mensaje implícito es “si nadie habla de esto, yo tampoco puedo hablar”; “si está mal que yo me toque ciertas zonas, es mi culpa que este adulto me esté tocando”; “si mamá se pone nerviosa con esto, mejor no se lo cuento”, y un largo etcétera de creencias que hacen que nuestros niños y niñas no puedan salir de esa situación.

Educar en sexualidad no es anticiparse a algo en lo que el niño/a no está. No se trata de una clase magistral en la que se exponga todo en detalle, o que los padres avisen catastróficamente sobre los peligros a los que están expuestos. ¡No! Educar en la sexualidad es, ante todo, vivir la sexualidad con naturalidad, como parte indisociable de nuestro ser. Somos, todos, seres sexuales, no es algo externo, ni algo a ser evitado. Educar en sexualidad es permitir que los niños y niñas conozcan su cuerpo, puedan nombrar todas las partes con la misma tranquilidad. Es que, así como exploran sus manos cuando son bebés, puedan explorar sus genitales cuando les surja esa curiosidad innata, y también puedan ver a sus iguales e ir percibiendo las diferencias. Educar en sexualidad es que en familia el desnudo no sea algo prohibido sino nuestro estado natural e innegable. Tenemos un cuerpo, y que los niños y niñas puedan ver su papá y su mamá desnudo les permite ir haciéndose a una idea de lo que irá ocurriendo en su cuerpo a lo largo del tiempo. Poder hablar abiertamente de la menstruación, de la eyaculación, de todos los procesos biológicos de nuestro cuerpo, dentro de la capacidad de entendimiento de cada uno y según los intereses que hayan manifestado. Conozco personas que llegaron a la adolescencia y recibieron su primer menstruación con susto. ¡Nadie les había preparado para lo que iba a ocurrir!

Tampoco pretendo ahondar en esto aquí, sencillamente quería compartir la reflexión sobre los efectos de “mirar hacia otro lado” cuando se trata de la educación sexual de nuestros peques. Porque no hablar de ello también educa en la sexualidad, de una manera muy concreta. Todos los prejuicios que tengamos sobre la homosexualidad, sobre la ropa que lleva esta chica o aquella, sobre los juguetes infantiles para niños o niñas, la manera cómo repartamos las tareas en casa entre el padre y la madre, en fin, TODO educa en la sexualidad. Así que si de verdad queremos que puedan desarrollarse en plenitud, hagamos el favor de mirar hacia adentro e iniciar un trabajo personal – ¿qué tabúes me condicionan?, ¿cómo me siento ante esta situación?, ¿qué opino sobre esto?. Cuanto más podamos limpiar nuestra propia experiencia, mejor podremos acompañar a nuestros niños en su propio descubrimiento. Hablemos, pongamos palabras, demos herramientas para la expresión de lo que sienten y piensan, para que nos puedan compartir incluso las situaciones incómodas que hayan podido vivir. Sólo así estaremos creando el contexto en el que puedan sentirse libres a la vez que protegidos en su sexualidad.

Fernanda Bocco



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