Aprender es mucho más que el resultado de enseñar

En educación damos por ciertas algunas “verdades” y creencias que no nos atrevemos a revisar y que, a fuerza de ser repetidas, parece que se han convertido en auténticos mitos:

– “Si un niño/a no aprende es porque no presta suficiente atención, le cuesta concentrarse, se distrae con facilidad…”

– “Hay niños muy movidos, que no pueden estar quietos en sus sillas haciendo la ficha que toca”.

– “Se lo he explicado 100 veces y no lo entiende… creo que no da para más”.

Estas frases y muchas más están muy presentes, de forma consciente o silenciosa, en nuestras aulas, determinando de forma decisiva en nuestro quehacer educativo.

¿Qué pensarías si te digo que no son ciertas? Sé que basamos en ellas las programaciones didácticas, las de centro o las leyes educativas, pero parten de premisas erróneas porque limitan el aprendizaje a un contexto y unas condiciones determinadas, en muchos casos muy pobres. Y si un niño/a no responde a ellas, se considera que es él que tiene una dificultad, sin atrevernos a mirar el problema de frente. ¿Cuántos niños y niñas, adolescentes, tienen que sumarse a las cifras de fracaso escolar, diagnósticos varios, estrés, ansiedad, para que afrontemos el problema de raíz?

El aprendizaje con mayúsculas

Es aquel que genera una nueva comprensión, una nueva habilidad, un nuevo conocimiento. Surge con todo su impulso y en toda su dimensión si conecta algo interno (un interés, una inquietud, una pregunta) con algo externo (un material, un libro, una experiencia) en un ambiente adecuado en el que esté asegurada una relación cálida, acogedora, respetuosa. Por eso, aprender es un proceso inabarcable, infinito. Venimos preparados para ello. Como dice Fer, “no podemos no aprender”.

Sabiendo esto, ¿por qué ponemos tanto empeño en que los niños y niñas aprendan algo, a costa de sí mismos? ¿por qué sacrificamos el caudal inagotable de la curiosidad humana en procesos inertes, poco conectados con la vida? ¿un mural del otoño o salir a pasear por el parque? ¿un cuento sobre el llanto o un acompañamiento cercano cuando llora?

Aprender es mucho más que el resultado de enseñar y para que suceda no es suficiente con que “un adulto quiera lo segundo, sino que se necesita de un niño interesado en lo primero.”

El auténtico aprendizaje significativo

La capacidad de aprendizaje con la que nacemos es demasiado grande para quedar limitada a rellenar una ficha. No podemos permitirnos seguir menospreciando nuestra inmensa capacidad de crecer, de entusiasmarnos. La pregunta no debería ser tanto ¿cómo enseño esto? sino ¿cómo este niño puede aprenderlo? Y claro, ahí descubrimos que tenemos que estar abiertas a buscar, a cuestionarnos, a una verdadera innovación, más allá de publicaciones en redes sociales y de modas.

Texto: Nuria Comonte

Imagen: Autora desconocida



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