MEJORAR LA COMUNICACIÓN DENTRO DEL CLAUSTRO
Existen muchos factores que influyen en la calidad educativa de un centro. Desde los materiales y espacios, las rutinas, la relación con las familias, hasta el vínculo que la maestra establece con los niños y niñas. Aunque algunos de esos elementos no siempre se tengan en cuenta, hay uno que suele quedar especialmente olvidado: la calidad de la relación y la comunicación dentro del propio claustro.
Parece que sólo lo que ocurre en el aula tiene importancia para el desarrollo de la infancia, tanto a nivel emocional como académico, pero la verdad es que las redes de relaciones entre las profesionales que forman el equipo pedagógico tiene gran impacto en eso que sucede, luego, entre cuatro paredes con las criaturas. Porque esté más “escondido” no tiene menos importancia.
¿CÓMO INFLUYE EL AMBIENTE DEL CLAUSTRO EN EL AULA?
Todo el ambiente emocional de la escuela se apoya y sostiene en el ambiente emocional que se respira dentro de la sala de maestras y educadoras. Así como sea la relación entre el equipo será, en gran medida, la práctica de cada maestra y educadora en su aula, porque para acompañar la infancia tienen que sentirse, también, acompañadas por las compañeras y por la dirección del centro. En lo pedagógico, en lo logístico, en lo personal.
Es difícil pedir que las docentes hablen bien a niñas y niños cuando en el equipo abundan las ironías, las críticas, el hablar mal de otra compañera, la burla, los tonos elevados, los conflictos, el no escuchar cuando otros hablan, los bandos enfrentados… Es difícil pedir que cuiden el vínculo con niños y niñas si las relaciones dentro del claustro están deterioradas, poco atendidas y relegadas a un segundo plano.
¿QUÉ SE PUEDE HACER PARA MEJORAR LA COMUNICACIÓN EN EL EQUIPO?
Para que haya cambios, lo primero es llevar la atención allá dónde se requiere. Empezar por el inicio es dedicar tiempo a concienciar a todas las personas implicadas de que esas prácticas tan normalizadas constituyen un tipo de agresión, que entran en la categoría de las suaves violencias que también se aplican a las criaturas. Mientras nos siga pareciendo normal, lo seguiremos manteniendo.
Si comprendemos que la manera como nos comunicamos (cómo hablamos, cómo escuchamos) condiciona la calidad de la relación, empezaremos a cuidar con más detalle las palabras que decimos, también las que callamos, el tono que usamos, qué y cómo queremos transmitir algo a la persona que tenemos delante. Durante un tiempo, posiblemente nos sintamos perdidas respecto a cómo es una comunicación y una relación más respetuosa y consciente. Nos daremos cuenta de todos los automatismos que tenemos en marcha en el día a día cada vez que interactuamos con alguien, y quizás no sepamos bien por dónde dar el paso siguiente.
Por eso es crucial que los equipos se formen en estas temáticas, que le den el lugar que corresponde. No sólo porque esto va a generar un mejor ambiente para las familias y las criaturas, que también, pero principalmente porque esto transforma radicalmente la manera cómo nos sentimos en la escuela, que puede ser un lugar de malestar, tensión y problemas o un espacio de encuentro humano, de crecimiento y de construcción de un proyecto común.
No siempre estaremos de acuerdo unas personas con otras, de hecho lo más habitual es que veamos las cosas de maneras diferentes y que pensemos que el camino debe ser por un lado o por otro. Forma parte de las relaciones que esto suceda. Pero mientras esto no puede ser de otro modo, lo que SI podemos cambiar es cómo nos tratamos ante esas diferencias. Y eso, desde luego, lo cambia todo.
Texto: Fernanda Bocco
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