¿QUÉ ES LA MENTALIDAD DE CRECIMIENTO EN LA EDUCACIÓN?

Hace tiempo venimos hablando sobre cómo la mirada del adulto influye en el desarrollo de los niños y niñas. Es algo a lo que volvemos, una y otra vez, pero es posible que todavía nos quedemos cortas en la magnitud de esa afirmación. ¿Qué implica decir que la mirada del adulto condiciona el desarrollo de la infancia? ¿Cómo se concreta esto exactamente?

En estos días tuvimos el placer y gusto de escuchar a Carme Trinidad*, psicóloga y co-directora del postgrado de Neuroeducación de la Universidad de Barcelona. Carme nos compartió los resultados de una investigación realizada por John Hattie todos los años, en el que estudia diversos aspectos de la tarea docente y los efectos que éstos tienen en la educación. ¿Sabéis cual es el principal factor que influye en el desempeño académico de los estudiantes? Lo que más influye no son los materiales utilizados, ni el tamaño del aula, tampoco la ratio, ni la metodología de enseñanza. Todo eso también afecta, claro; pero lo que más repercute en el aprendizaje de un alumno, con distancia, son las expectativas del adulto sobre su éxito. ¿No es alucinante que algo tan intangible como el pensamiento de la maestra o profesora condicione tanto la capacidad de su alumnado para realizar una tarea, o para aprender un contenido?

Parece intangible, si, pero se concreta en muchísimas cosas del día a día. En la falta de paciencia para explicar a alguien que creemos que no va a entender, en el tono de voz cuando respondemos a alguien que juzgamos merecedor de nuestra atención, en las palabras elegidas para referirse a unos o a otros. También se evidencia en los comentarios con otros docentes o hacia la familia, o sencillamente en la mirada de reprobación ante alguna pregunta, según quien la haga. Ahí están los estudios científicos para confirmar que todas estas pequeñas actitudes, repetidas en el tiempo, transmiten lo que esperamos de cada criatura, y ellas lo reciben, alto y claro. Valgo, o no valgo. Y si no valgo… ¿para qué intentarlo?

Los seres humanos nos construimos a partir de la mirada de nuestros adultos de referencia – madre, padre, maestros. Parece lógico que si recibimos un “jamás lo vas a lograr”, lo creamos a pies juntillas y nos encarguemos de hacerlo realidad, aunque nos vaya en contra. Esto ocurre porque nuestra supervivencia como especie depende de confiar totalmente en que el adulto sabe lo que hace, sabe lo que dice. Por eso, tomaremos como verdad absoluta esa imagen que nos devuelven, y no la cuestionaremos sino que la confirmaremos, cumpliendo con el éxito o fracaso que nos han previsto.

CAMBIANDO HACIA UNA MENTALIDAD DE CRECIMIENTO

Sabiendo esto, sería interesante que los adultos tuviéramos las mejores expectativas posibles para los estudiantes, para la infancia y juventud en general, ¿no os parece? Y esto se puede materializar a partir de lo que Carol Dweck llama la mentalidad de crecimiento, una manera de percibir y de pensar que pone énfasis en el ESTAR más que en el SER, sin determinar que alguien es de una manera u otra, sino que está en proceso y, por lo tanto, puede llegar a alcanzar algo que de momento aún no ha alcanzado. Una madre, docente, etc, con esta mentalidad no encasilla ni limita, sino que abre, invita, se sorprende con las capacidades explícitas o latentes.

Esta línea de acompañamiento e intervención cambia un “jamás lo vas a lograr” por un “aún no lo has logrado”, dejando abierto el camino para que haya un cambio. De esta forma, las niñas y niños pueden abordar una dificultad específica como algo temporal, que más adelante podrá ser de otra manera, en vez de una losa para el resto de la vida. Una escuela, una familia, con mentalidad de crecimiento reconoce el proceso, más allá del resultado, y transmite la confianza de que todo ser humano tiene las capacidades necesarias para encontrar respuestas ante un reto, antes o después.

Un entorno que pueda mirar así no sólo verá resultados diferentes en el aprendizaje y en los logros académicos. También se encontrará con personas que se perciben capaces, cuya auto-imagen será positiva y generosa, y que tenderán a relacionarse con sus iguales de la misma manera, reconociéndolos como personas plenas y llenas de potencialidad. En un tiempo en que la salud mental de la infancia y la adolescencia está tan deteriorada, en que la violencia y el fracaso son demasiado habituales en los centros escolares, podríamos al menos intentar este cambio de mentalidad…

Texto: Fernanda Bocco

* En el Curso Universitario en Pedagogía Activa y Transformadora.



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