SE NECESITA UNA RED PARA CRIAR UN SER HUMANO

Se acerca el fin del año y podemos aprovechar para hacer una revisión de lo vivido, una especie de balance general de cada aprendizaje que nos ha traído la vida. Han sido años complejos, de grandes y pequeñas crisis – económicas, laborales, relacionales… A nivel familiar, nos hemos visto lidiando con el cotidiano de la crianza más en soledad que nunca, sin poder contar con abuelas, tíos, primas, vecinos para apoyar y sostener todo lo que implica criar un ser humano.

Ahora, de modo especial, percibimos la importancia de una tribu humana para que la infancia pueda crecer protegida y acompañada como necesita. Una madre, un padre, no alcanzamos a todo solos. ¡No es real! Hay momentos de saturación, de llegar al límite físico, emocional, mental, y vamos perdiendo la conexión profunda en medio a tanto ruido externo e interno. La pareja también se ve afectada por ese agotamiento, y con facilidad dejamos de percibir y de satisfacer las necesidades de cada persona individualmente y del sistema familiar como un todo.

TEJIENDO LA RED

Qué importante cultivar y nutrir espacios de encuentro, de reflexión, de un compartir honesto entre adultos para poner en perspectiva, para coger aire y retomar el día a día desde un nuevo lugar. Antes, esta era una realidad que venía dada: varias generaciones viviendo en el mismo lugar, un barrio amoroso con la presencia infantil, un mundo laboral menos invasivo hacia el mundo doméstico. Pero ahora, es necesaria cierta militancia para crear esos espacios concretos y simbólicos dónde sentirse segura, romperse si hace falta, y volver a construirse a partir de la mirada y palabra de otros, de otras, que viven o han vivido lo mismo y pueden ayudarnos a recuperar la confianza en una misma y en la vida.

Ojalá podamos poner nuevamente la vida en el centro y demos prioridad a tejer esas redes. Con nuestra realidad actual, con lo que tenemos a mano. Esa madre en el parque, ese padre que siempre ves en el supermercado, la prima que acaba de tener un bebé; ofrecer una ayuda concreta, o saber pedirla; una mirada comprensiva ante el llanto persistente de una criatura, con una madre que ya no sabe que hacer. No se necesitan grandes cosas, sino una actitud de apertura y búsqueda a lo que está disponible.

Texto: Fernanda Bocco

Imagen: autor desconocido.



Enviar mensaje
¡Escríbenos!
La Semilla Violeta
¡Hola! Somos Fernanda y Nuria, estaremos encantadas de contestar a tus preguntas.