SIN TI, EL MUNDO ESTARÍA INCOMPLETO

Uno de los mayores regalos, presentes, que puedes hacerles a los niños y
niñas de tu aula, a tus hijos/as, es tu autenticidad; ERES TÚ MISMA. No nos perdamos
buscando el último material del mercado, la metodología más innovadora, dándole una
vuelta de tuerca a nuestra programación… lo que los niños (¡y nosotros!) anhelamos
son relaciones profundas, verdaderas, porque, en el fondo, son las únicas que pueden
acompañar nuestro recorrido vital. Más allá de la innovación educativa, estás tú.
Pero, ¿qué es la autenticidad? Como adultos, estamos tan poco
acostumbrados a ella, que incluso olvidamos lo que es. Es un verdadero reto
mostrarnos reales, auténticos, y debemos hacer un esfuerzo para encontrar esa
coherencia perdida, tan presente en la infancia, entre lo que pensamos, lo que sentimos
y lo que hacemos. Solo así estaremos en equilibrio, en armonía.

Recuerdo que hace tiempo, en la escuelita, un niño me preguntó si podía
utilizar una de las flautas que teníamos apartadas, en una bolsita. Yo sentía que no era
un buen momento para ello, por diversos motivos, y le dije “no, ahora prefiero que no”.
Él, con sus dos años de edad, me dijo: “¿prefieres o no quieres?” y con ello, me regaló
una de las mayores lecciones de coherencia de mis 40 años de vida. A día de hoy se lo
sigo agradeciendo.

La educación y las relaciones que hemos vivido desde pequeños, con
frecuencia nos transmitieron la idea de que “así, como eres, no resultas suficiente,
adecuada”; desandar ese camino puede ser una tarea compleja y, por momentos,
dolorosa. Porque debemos intentar deshacer ese mensaje grabado en nuestras células,
para mirarnos con otros ojos, de ternura, de mimo, de paciencia, y DESCUBRIRNOS
perfectamente imperfectos. Por más que te hayan hecho creer lo contrario, “sin ti, el
mundo estaría incompleto”.

SOLO TÚ te emocionas de ese modo con tu canción favorita, cocinas así ese
plato de pasta que te sale tan rico o te ríes a carcajadas de esa manera tan particular.
Solo tú puedes transmitirles a los niños y niñas, a tus hijos, tu pasión por ese poema, tu
asombro hacia esa flor, tus ganas de escalar esa montaña o de saber cómo funciona
esa máquina. No les prives a ellos, al mundo, de ese maravilloso, genuino y auténtico
REGALO que eres.

Texto: Nuria. La Semilla Violeta.
Imagen: Chema Madoz.



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