ANTES NO ES MEJOR

Estamos tan acostumbrados a un ritmo frenético que ya casi ni nos damos cuenta. Ni del ritmo, ni de nosotras mismas, ni del otro. Lo hemos normalizado. Es como si fuéramos en un tren a toda velocidad: nos pasa desapercibido casi todo lo que está al otro lado de la ventanilla. Pasamos tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta de que está allí.

Hemos dejado que esta aceleración llegue a la educación, a las aulas, a la crianza. Nos hemos dejado contaminar por ella y, a golpe de clic, nos hemos desconectado de los tiempos que requieren los procesos de vida: sentarse, caminar, dejar el pañal, leer… Incluso para nosotros mismos: un duelo, una ruptura sentimental, una enfermedad. ¿Cuándo empezamos a creer que los niñ@s necesitan hacerlo todo “cuanto antes, mejor”? ¿cuándo se nos olvidó que ningún árbol necesita que estiremos sus ramas para que crezca más rápido?

Estamos hipotecando el presente de muchos niños y niñas en pro de un futuro incierto. Nos les dejamos vivirse como niñ@s porque estamos demasiado preocupados de que alcancen la siguiente meta ya mismo; ahora. Como si hubiéramos llevado las condiciones muchas veces deshumanizadas del mundo laboral a la infancia: la urgencia, las recompensas, la cultura del esfuerzo. ¿De verdad esa es la infancia que queremos para nuestros hijos, hijas, alumn@s? ¿Merece la pena el sacrificio?

En medio de esa vorágine de urgencia están ellos, tratando de ser vistos, intentando estar a la altura de nuestras expectativas aunque sea a costa de sí mismos, de lo que ellos necesitan. Porque lo que más necesitan es nuestra mirada, nuestro reconocimiento. Se construyen a partir de ella: de la imagen que les devolvemos de sí mism@s. Ojalá podamos recuperar el sentido común y devolverles una mirada que pueda verlos realmente, no como proyectos de lo que serán, sino como la perfección que ya son.

Propongo un experimento así, a lo loco: ¿qué tal si por un día, o tan solo unos minutos, hacemos justo lo contrario? ¿por qué no, por unos instantes, tratamos de sentir el ritmo de la infancia? Nos dejamos asombrar, conmover, distraer… Quizá descubramos que al otro lado de las prisas sucede lo verdaderamente importante.



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La Semilla Violeta
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