Aprendizaje significativo

Cómo despertar el aprendizaje significativo en el aula

Una de las mayores preocupaciones de maestras y educadoras es que los niños y niñas de su aula aprendan. No solo los contenidos (de eso hablaremos en otro momento) sino ciertas actitudes y valores: a ser generosos, a respetar las normas, a tratarse con respeto, a colaborar… Y, al mismo tiempo, que crezcan con autonomía, con una autoestima fuerte, capaces de tolerar la frustración.

Y con este objetivo en mente preparamos unidades didácticas, talleres o leemos cuentos. ¿Es eso suficiente? Rotundamente no. De hecho, ¿es lo más importante? De nuevo: no.

Los niños no aprenden tanto de lo que les decimos como de lo que viven estando con nosotras. De lo que respiran. Podemos llenarnos la boca de “aquí nadie es más que nadie”, pero luego hacer comparaciones (más o menos sutiles) entre ellos. Podemos sabernos la teoría de la validación emocional, pero nunca tener tiempo de acompañar realmente un llanto. Podemos pretender que tengan más capacidad de manejar mejor la frustración, pero la nuestra hace aguas por todas partes. Y nos agotamos repitiendo una y otra vez lo mismo (“ya se lo he dicho mil veces”), pero sin llegar a mirar allí donde hace falta.

¿Qué ambiente se respira en tu aula? ¿es de cierta armonía, conectas con tu propia curiosidad, cultivas tú la calma que esperas de ellos? ¿qué viven los niños y niñas estando contigo? Empecemos por aquí, por lo importante. Para que un niño, una niña, pueda desplegar su esencia auténtica (que contiene la creatividad, la empatía, la capacidad de atender, entre muchas otras) debe sentirse seguro y amado (reconocido, visto).

Preocupémonos de que estas bases sean una experiencia cotidiana y sentida en el cuerpo de los niños y niñas. Y después, si acaso, podemos pensar en lo demás. Porque quizá muchas de las propuestas que llevamos al aula sin que estos pilares estén asegurados, se convierten para el niño en una fuente de desconexión de ellos mismos; y, por tanto, de esa esencia. Nuestra intervención debería consistir más en protegerla que en poner lo que creemos que falta. Porque, en realidad, si lo cuidamos, ellos están mucho más cerca de ella que nosotros.



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La Semilla Violeta
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