educar en valores

¿ES POSIBLE EDUCAR EN VALORES?

Hoy en día, en la mayoría de las aulas, se asume como casi imprescindible la llamada “educación en valores”, pero, ¿es realmente posible hacer algún cambio real a partir de contenidos, representaciones teatrales, celebraciones del Día de la Paz? Si una niña pasa su día inmersa en un entorno hostil (“como no te portes bien, me voy a enfadar contigo”), competitivo (“mira cuánto corre Fulanita, ¡venga, a ver si la alcanzas!”), en el que se normaliza cierta violencia (“son cosas de niños”), es difícil pensar que ciertas propuestas puntuales puedan compensar un vivencia cotidiana tan intensa y devastadora. Niños acelerados, irritables, que no nos escuchan, muy demandantes o ausentes, con escasa tolerancia a la frustración… son, en definitiva, el reflejo de lo que experimentan en su vida cotidiana, incluyendo a los adultos con los que la comparten.

No nos engañemos: lo que realmente educa es el ambiente que el niño respira a diario. Descubramos que más allá de la educación en valores, los niños y niñas (¡y nosotros!) necesitamos horarios en los que quepa la vida; el aburrimiento, la improvisación, lo inesperado. Es imprescindible protegernos de la supuesta urgencia para empezar a atender lo realmente importante; un llanto, una charla relajada, ese dibujo que nos quieren mostrar… Estemos atentos a preparar espacios y rutinas amables, que tengan en cuenta a niños y adultos, con sus diferencias y encuentros.

La verdadera transformación sucede en la vida cotidiana: una niña que se siente respetada, en esencia y profundidad, se relacionará, de manera natural, desde el respeto y la empatía. Un grupo de niños y niñas que reciben atención y aceptación por ser quienes son, viven en su propia piel la educación en igualdad. ¿Un Día para la Paz o un aula en la que se respira calma? La respuesta es clara, el reto inevitable y la posibilidad está en nuestras manos.

Nuria Comonte