pedagogía sistémica

LA MIRADA SISTÉMICA EN LA EDUCACIÓN

Muchas veces nos han preguntado en qué consiste la pedagogía sistémica, así que hoy quisiera detenerme un momento para explicarla con más detalle. Para nosotras, la pedagogía sistémica aporta un matiz muy especial a la mirada del docente, independiente del tipo de metodología que utilice en su aula, porque pone el foco en las relaciones y vínculos más que en las personas y en sus comportamientos tomados individualmente. De esta forma, en vez de ver un niño o una niña, amplia su mirada para ver todo el sistema de origen: padre, madre, hermanos, incluso tíos y abuelos, porque sabe que esa criatura no existe aisladamente sino que está inmersa en una red de relaciones interpersonales entre los miembros de su familia. Esas relaciones, a su vez, obedecen a ciertas dinámicas que son propias de cada sistema, generando unas “leyes” invisibles pero muy actuantes que condicionan en gran medida el desarrollo de sus miembros.

Por eso, cuando hay dificultades en el aprendizaje, por ejemplo, o nos encontramos con comportamientos agresivos o excesivamente pasivos, es interesante tener en cuenta ese contexto a la hora de plantearse qué puede estar ocurriendo. Porque siempre que un niño o niña están enredados en situaciones familiares del tipo que sea, no están disponibles ni abiertos para aprender ni para relacionarse de una manera relajada. Todo su ser se encuentra pendiente de resolver el problema que hay en su casa, obedeciendo a un mandato inconsciente llamado lealtad al sistema que impide que esa criatura pueda estar libre para su propio desarrollo.

LA ACTITUD DEL DOCENTE SISTÉMICO

Cuando podemos comprender estos y otros fenómenos que ocurren en el aula a partir de esta lectura, salimos del juicio y la exigencia para acoger esas situaciones con respeto y humildad. No es lo mismo sentir que un alumno nos “está tomando el pelo” que tomar conciencia de que se encuentra desbordado y ausente por su realidad familiar. Evidentemente, su condición no justifica que haga daño a otras personas, será necesario poner límites a estos comportamientos. Pero sabiendo que el vínculo con el maestro es esencial para el aprendizaje, y que un niño puede co-regular su estado emocional a partir de la relación con un adulto, este cambio de actitud por parte del docente pone a ambos en un estado más abierto y con posibilidad de encuentro.

Una pedagogía con mirada sistémica también se centra en trabajar con lo que hay, sin vivir desde las expectativas o los “debería ser”. Si la realidad de una persona, o del grupo, es que tienen un día agitado, podemos empeñarnos en cumplir con la programación y luchar contra lo que está ocurriendo, o podemos acoger y asentir a lo que surge, partiendo de ahí para continuar nuestro trabajo. Esto no conlleva cruzarse de brazos y dejar que el grupo o la persona actúen desde esa agitación, pero ¿de verdad tiene alguna utilidad negar lo que es evidente y aferrarse a lo que uno traía pensado desde casa? El contexto es tremendamente importante, y si nos abrimos a lo que nos llega podemos ver si está ocurriendo algo en particular (quizás ese grupo tiene un examen luego y están nerviosos, tal vez hay un conflicto en el grupo y no se ha abordado, …).

Otro de los principios que guían esta propuesta es que toda persona tiene derecho a pertenecer a su grupo humano de referencia (familia, escuela, etc). Esa pertenencia le confiere identidad y seguridad, y es imprescindible para su desarrollo. En la escuela, ¿cómo podemos asegurar esa pertenencia? Podemos poner atención a cómo se sienten los niños y niñas en su grupo, si todos están tenidos en cuenta, o si existen relaciones de poder que excluyen a algunos miembros. Podemos llevar esta reflexión a las familias también: ¿cómo docente, de que manera incluyo a las familias y les hago sentir que forman parte? Y en el claustro, ¿todas las maestras, educadoras, se sienten perteneciendo a ese centro?

Hay muchas prácticas que pueden concretar estos aspectos que estoy compartiendo, pero lo que quisiera resaltar es que todos esos factores, y otros tantos, influyen en el ambiente emocional que se genera en un lugar. La manera cómo se dan las relaciones entre el propio equipo educativo, de este con las familias, y con los proprios alumnos en el aula, generan un tono emocional determinado en cada centro, y ese tono está en la base y en el fondo de todo lo demás que ocurre allí. Parece que en la educación tendemos a poner atención a lo material, lo tangible, lo que todos podemos ver y maravillarnos. Pero lo intangible opera tanto o más que los muebles y los materiales pedagógicos en el proceso de aprendizaje de una criatura… Quizás sea hora de tenerlo más en cuenta.

Texto: Fernanda Bocco



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