pedagogia activa

UNA PEDAGOGÍA DESDE Y PARA LA VIDA

Aquello que día a día sucede dentro de las aulas, puertas adentro, no debería ser distinto, ajeno, a lo que sucede ahí afuera. Porque, ¿qué educación es aquella realmente significativa, de valor, para los niños y niñas? ¿puede estar la Educación, con mayúscula, separada de la vida, ser algo distinto a ella?

A día de hoy, infinidad de estudios (neurocientíficos, biológicos) demuestran sin lugar a dudas que los procesos de vida y los procesos de aprendizaje están en estrecha relación, son inseparables uno de otro. No podemos no aprender, como no podemos dejar de respirar. El aprendizaje es una condición de la vida. Entonces, ¿por qué seguimos defendiendo y aplicando herramientas y métodos basados en empujar y forzar, de modo
artificial e impuesto, el aprendizaje? Quizá, si dejáramos de intentar imponer contenidos, habría espacio y tiempo para que apareciera una educación conectada con la vida, con verdadero sentido y significado. Dejaríamos de mirar imágenes sobre insectos para salir al patio a descubrirlos, sentiríamos que la solidaridad y el respeto no aparecen en los libros sino en los encuentros cotidianos y que no podemos “enseñar” de espaldas a la realidad del barrio, del pueblo, de la familia. Son necesarios, hoy más que nunca, los aprendizajes interconectados que hunden sus raíces de alcance y trascendencia en el contexto en el que suceden, no como
algo puntual y aislado sino cotidiano y real.

Una pedagogía así entendida considera a los niños y niñas como seres creativos, completos en sí mismos y al mismo tiempo en proceso de aprendizaje, de crecimiento, de desarrollo… ¿pero, acaso no somos nosotros los adultos, también, “seres aprendientes”? ¿a qué edad dejamos de aprender? En el momento en que demos la vida por sabida, por ya vivida, en vez de por ser descubierta, entonces habremos empezado a apagarnos.

Además, esta mirada pedagógica no puede limitarse a métodos, programaciones o estructuras rígidas, porque la vida está más allá de ellos, los desborda y rebasa. Aulas vivas, miradas amplias, acompañamientos orgánicos, personales y colectivos. Ojalá abramos las puertas y ventanas de nuestras aulas o, mejor aún, las traslademos allí donde sea preciso y permitamos, celebremos y cuidemos el necesario encuentro entre el vivir y el aprender.

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Texto: Nuria Comonte.
Imagen: Autor desconocido.



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