LA VUELTA AL COLE Y L@S MÁS PEQUEÑ@S: ¿QUÉ PODEMOS HACER PARA QUE ESTE MOMENTO SEA MÁS FÁCIL?

Llega nuevamente septiembre, y tanto adultos como niñas y niños nos preparamos para las actividades que se inician. Cuando ya hemos vivido esta situación muchas veces, sabemos lo que nos espera y tenemos una idea de lo que debemos hacer para iniciar de la mejor manera posible. ¿Pero qué pasa con los más pequeños, de dos, tres, cuatro años, que no han vivido esta experiencia suficientes veces como para haberla normalizado?

Desde una mirada adultocéntrica, enganchamos nuestro ritmo de curso lectivo con cierta naturalidad y no nos damos cuenta de que para ell@s es, aún, una situación nueva, que no conocen ni dominan y que puede generar mucha inseguridad. Desde la prisa, de repente un día hay que levantarse muy pronto y pasar muchas horas fuera de casa, con personas que no siempre conocen o con quienes aún no se sienten a gusto. Por eso es muy frecuente que expresen que no quieren ir, o que la salida de casa sea bastante tormentosa para toda la familia.

¿Qué podemos hacer para ayudar en este momento de vuelta al cole?

Como familias, lo más importante es que conectéis con su realidad y toméis consciencia de que posiblemente les suponga un reto inmenso esta vuelta o inicio de la actividad escolar. Han pasado varios meses cerquita vuestro, relajadamente, con el juego como principal actividad. Se han sentido cómodos y a gusto en esa realidad, y no entienden por qué eso no puede continuar. Si al menos podemos empatizar con su punto de partida, ya les estamos haciendo un gran regalo.

Para criaturas un poquito mayores, ayuda anticipar el día de la vuelta a la actividad, con un calendario, hablando sobre lo que va a ocurrir y generando un ambiente agradable relacionado con ese momento. Si el espacio educativo permite que lleven algún objeto personal, este es un apoyo importante, porque sienten que un trocito de su casa ha podido acompañarles allí, aunque se quede en la mochila en algunos casos.

En el momento de la despedida, ayuda mucho que les digáis la verdad: que os vais a ir, que más tarde volveréis. En el intento de amenizar ese mal trago, muchas veces los adultos decimos que es un ratito nomás, o que “ahora mismo vuelvo”, o frases que suponemos les van a tranquilizar pero que tienen el efecto contrario. Genera una gran angustia e inseguridad cuando lo que te dice tu madre, padre o adulto de referencia no se cumple. Eso despierta un estado de alerta permanente que agrava la situación, haciendo que el segundo día sea incluso peor porque entonces si que no se querrán separar en absoluto.

Como maestras, el sólo hecho de reconocer que es un momento delicado ya es de gran utilidad. No es lo mismo verlo como “una manipulación” o “no es para tanto” que conectar afectivamente con esa criatura y entender que están viviendo, a veces por primera vez, una separación tan larga de su familia, con todo lo que ello implica. Permitirles que lloren o expresen su malestar es esencial para que puedan lidiar con ello en vez de tener que reprimirlo.

Si es posible, que permitan la presencia de ese objeto transicional que comentaba antes. Muchas veces pensamos que cuanto más “en seco” sea esa separación, mejor lo van a vivir. Sin embargo, necesitan esos apoyos que les recuerden la calidez de su casa, que eso continúa existiendo aunque ahora no lo vean. Poco a poco, irán construyendo una noción temporal que les permitirá confiar en que pueden ir de un espacio a otro con tranquilidad, que no supone una amenaza ni para si mismos ni para sus relaciones.

Si conseguimos respetar sus tiempos y necesidades, el vínculo con la maestra o educadora se hará de manera mucho mas efectiva, porque el niño percibe que ese adulto le entiende y está ofreciendo un ambiente para que esté de la mejor manera posible. Luego, cuando lo básico esté asegurado, podrá interesarse por los demás niños, por los materiales, por jugar, etc. Pero sólo después de que se sienta tenido en cuenta, cuando su sistema nervioso se pueda relajar y vuelva a llevar su atención al exterior.

Recordemos que la vida escolar de una persona dura muchos años; cuanto más amorosa sea esta primer toma de contacto y vivencia, más fluida y fácil será su relación con el espacio educativo durante todo su crecimiento. Y a corto plazo, si somos capaces de hacerles sentirse acogidos en esos primeros días o semanas, ¡veremos cómo todo funciona muchísimo mejor durante el resto del curso escolar!

Texto: Fernanda Bocco

Imagen: autor desconocido



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